El arte enseña a mirar : a mirar el arte y a mirar con ojos más atentos al mundo. En los cuadros, en las esculturas, igual que en los libros, uno busco lo que está en ellos y también lo que esta más allá, una iluminación acerca de sí mismo, una forma verdadera y pura de conocimiento.

Antonio Muñoz Molina.



domingo 8 de mayo de 2011

Otto Dix y su visión de Berlín: Tríptico de la gran ciudad






... Pero, hombre, ¿por qué pintas eso? Nadie quiere colgarlo. Nadie quiere verlo. Sí, qué sentido tiene en realidad todo eso. Pero tu vas y lo pintas. Las malditas putas y las malditas beldades ajadas y todas esas tristezas de la vida. Quién diablos va a disfrutar con eso. A nadie le gusta. No hay galería que quiera exhibirlo. Para qué lo pintas... Bueno, tengo que decirlo: Prefiero seguir a mi voz interior, que me lleva a alguna parte sin que me diga qué sentido tiene (...) Sí, desde luego que no lo pinto para ésos. Ni para ésos ni para aquéllos. Lo siento. Y es que soy un proletario de pro, no es verdad, que digo: “¡Eso lo hago! Y podéis decir lo que se os antoje.” Para qué es bueno eso, ni yo mismo lo sé. Pero lo hago. Otto Dix





Berlin fue en los convulsos años veinte unos de los centros fundamentales del arte del siglo XX. La ciudad vivía uno de los momentos más agitados de su historia, en 1928, cuando fue pintado el triptico, la situación económica era completamente caótica, la hiperinflación y la perdida de valor del marco había hundido a Alemania, las consecuencias de la Primera Guerra Mundial eran aun visibles en las calles, miles de mutilados y tullidos las recorrían sin trabajo y sin recursos, se mezclaban . El extremismo político se extendía,el partido nazi cada vez tenia una presencia cada vez mayor. Los valores de la tradición y del orden en los que se había construido la Alemania de Bismark se hundía y desaparecían, arrasados por el avance imparable de la modernidad. Este es el mundo que Otto Dix  (1891-1969) intenta reflejan en su “Tríptico de la gran ciudad” 
Podemos considerar sin duda alguna a Otto Dix como el gran representante de una segunda generación de pintores expresionista, que buscan dar una dimensión mas critica y política a sus cuadros. Son pintores que como  Dix vivieron en las trincheras las Primera Guerra Mundial, y esa atroz experiencia bélica marcó para siempre su obra y su vida. Después de la guerra nada volvió a ser igual, y el arte aún menos, se impuso una visión nueva del mundo que rodeaba al artista en el que se elimina cualquier intento de idealización, la realidad se impone con su crudeza. Una visión que acabó concretándose en el movimiento de la “ Nueva Objetividad” - Die Neue Schlichekeit-  al que perteneció Otto Dix junto a George Grosz, Max Beckmann, y que tuvo manifestaciones en todos los campos, desde la fotografía con los fotomontajes de John Heatfield, al cine, la arquitectura, la musica de Kurt Weil o la literatura de Bertold  Brecht.

























El tríptico fue realizado entre 1927 y 1928 a su regreso a Berlín después de residir en Bresde una breve temporada como profesor. El cuadro refleja las experiencias personales y la manera en la que el autor percibe la vida de la gran ciudad. Aunque hayan pasado diez años del final de la guerra sus efectos aun son visibles; los tullidos y mutilados aparecen en los laterales, mendigando bajo los puentes , intentado sobrevivir en las zonas marginales, con la única compañía de prostitutas de intentan atraer a su clientela mostrando su belleza decante y en ocasiones grotesca. La marginación y los efectos de la situación económica contrastan con el panel central, en él  que se desarrolla una escena festiva propia de los caberets que esos años convirtieron a Berlin en la capital de la vida nocturna. Aquí también aparecen importantes novedades, el jazz irrumpe con fuerza desde Estados Unidos, los nuevos ritmos del charleston hacen que el baile sea agitado y frenético. 




También aparece un nuevo modelo femenino, la “Neue Frau”, la nueva mujer que se corta el pelo, elimina el corsé,  que  acorta sus vestidos  muy por encima de las rodillas y se viste de colores estridentes, fume y bebe e impone su nuevo papel en la sociedad, exigiendo el derecho de sufragio, rechazando los valores masculinos y viriles que habían llevados a la guerra y que fueron derrotados en ella. Mujeres que empieza a protagonizar una nueva sociedad, y que tuvieron su reflejo cinematográfico en Marlen Dietrich y “El ángel azul”  extremada en 1930.  Pero ni siquiera en esta escena central hay una visión optimista, a pesar de la música, no hay una sensación de diversión, los rostros más bien muestran un gesto de aburrimiento, de melancolía o de insatisfacción, como una especie de premonición de lo efímero de ese momento y de la llegada de algo terrible .




Evidentemente el formato elegido tiene claras connotaciones religiosas, podríamos considerar que es un altar consagrado a una nueva sociedad que Otto Dix expone con toda su crudeza delante del espectador, con toda la dureza de esa nueva visión que impone el expresionismo. 
Una concepción como esta del mundo y del arte no tenía ninguna cabida en estado totalitario del Tercer Reich. Para el nazismo el arte debía glorificar la historia alemana y ensalzar a la raza aria, debía ser un arte “puro e idealizado”, por lo que artistas como Dix, fueron los primeros en ser perseguidos, acusados de “atentar gravemente contra las buenas costumbres del pueblo alemán.. y de dañar su voluntad de combate”. En 1933 fue expulsado de la Academia, en los años siguientes se le prohibe exponer, su cuadros son confiscados e incluidos en algunas de las exposiciones organizadas por Goebbles para mostrar al pueblo alemán lo que él denominaba “arte degenerado” o “ espejos de la decadencia”. Dix se retiró de toda vida publica y conservó el tríptico hasta 1965 que pasó a depositarse en la Stadtiche Galerie de Sturgart.






No es necesario que discutamos sobre mis cuadros, estos ya los vemos. Yo parto de lo contemplado. No deseo inventar temas nuevos, ni composiciones artificiosas como, por ejemplo, Salvador Dalí. Lo que más me gusta es ver de nuevo con mis propios ojos los temas primigenios de la Humanidad ... El arte se sustrae a toda definición. Durante mucho tiempo uno es un tiesto vacío, después crece algo que uno no desea. Se cuela algo que uno en realidad no entiende. El dios Azar crea en nuestro interior.



Me opongo muy decididamente a los dogmas artísticos. Porque el arte no es una ciencia, ni está sometido a ninguna ley palpable. El pintor tiene que partir de la aparición de lo vivo. Está ahí para dar forma al mundo y mostrar que no solo de pan vive el hombre. Estoy en contra de los abstractos, que pintan a escobazos, bombardean el lienzo con una ballesta y dejan chorrear hacia abajo salsas de colores. Los resultados son cuadros que se podrían hacer en serie, a miles. La creación es mínima, adecuada a lo sumo para el papel pintado y las faldas de señora.Se me ha llamado conservador. Acaso lo sea, desde luego soy primitivo y popular. Necesito la vinculación con el mundo sensorial, el valor para la fealdad, la vida sin diluir...
No, los artistas no deben mejorar ni hacer apostolado. Son demasiado escasos. Sólo tienen que dar testimonio. La gracia está fuera del poder de disposición humano, pero lo que importa es la gracia. El esfuerzo por el arte exige mucha paciencia. Durante mucho tiempo yo fui una “nada” [Dix casi lo grita], pero de repente puedes convertirte en un “algo”. Nunca había hablado tanto. Hoy he sido una suerte.
[Otto Dix, en: Südkurier, Singen, 21–5–1958]

Para acabar os dejo un par de videos, el primero una escena de la mítica "El Ángel Azul" y la segunda es un fragmento de unos primeros documentales que se hicieron sobre la ciudad " Berlín, sinfonía de una gran ciudad"  realizado en 1927 por Walter Ruttman y que refleja perfectamente el ambiente que describe el tríptico. 














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