El arte enseña a mirar : a mirar el arte y a mirar con ojos más atentos al mundo. En los cuadros, en las esculturas, igual que en los libros, uno busco lo que está en ellos y también lo que esta más allá, una iluminación acerca de sí mismo, una forma verdadera y pura de conocimiento.

Antonio Muñoz Molina.



jueves 16 de diciembre de 2010

Salzillo montó el Belén





Aprovechando que llegan estas fechas es el momento de hacer un entrada sobre una de los obras navideñas más importantes de la Historia del Arte español, se trata de belén más destacado y amplio de todos los que pueden contemplarse actualmente y una de las obras más significativas del barroco final. Realizado por Salzillo en los últimos años de su vida comprende más de quinientas figuras modeladas en barro y policromadas. 


 La tradición del belén tiene sus origines en la Nochebuena de 1223 cuando San Francisco realizó uno en una cueva próxima a la ermita de  Greccio, en la colocó elementos tomados por la tradición cristiana y de los evangelios tanto los canónicos como los apócrifos. A partir del siglo XIV la tradición se extendió a través de las conventos franciscos, arraigando especialmente en el sur de Italia. Fue en Nápoles donde el belén adquirió los elementos populares y folclóricos que le definen; incorporando no sólo los personajes propios del tema, sino otras escenas cotidianas de la vida callejera y rural del siglo XVII o XVIII. Desde el Virreinato de Nápoles esta costumbre llegó a España y a las colonias americanas. Tradicionalmente se considera que fue Carlos III el que trajo a España un gran belén en 1760 después de su reinado en Nápoles. Esta moda pronto fue imitada por nobles y conventos de monjas, para poco a poco irse extendiendo por toda la sociedad. 

En este caso, cuando Salzillo recibió el encargo en 1776  de realizar el belén se encontraba en la recta final de su carrera. Fue el noble murciano Gesualdo Riquelme el que encargó la obra y la destinó al palacio familiar, en el que permaneció hasta que fue adquirida  por el Estado en 1915, depositándose primero en el Museo de la Trinidad y después de 1956 en el Museo Salzillo.
El belén de Salzillo es algo más que una versión de calidad de los pesebre napolitanos, ya que enlaza con las imágenes devocionales del barroco hispano, cuyas técnicas tuvo presentes; se potencia el sentido narrativo superando el meramente descriptivo de escenas populares propio del sur de Italia. Además a diferencia del mundo popular urbano que refleja el “presepio” napolitano, Salzillo se inclina por escenas rurales, más cercanas a la tradición española y más cercanas también a los pasajes evangélicos. La técnica empleada es la propia del modelado en barro, posteriormente cocido, que ocasiones se complementa con madera, cartón, textiles, materiales que aumentan el realismo y la expresividad.
La expresividad se centra en destacar en acontecimiento del nacimiento, no sólo en el tratamiento de la policromía, sino también en como emplea estructuras arquitectónicas para enmarcar la escena central. Teniendo en cuenta el numero tan elevado de escena y de figuras, fue necesaria la participación de un número importante de colaboradores, lo que resta cierta uniformidad al conjunto. Salzillo modeló las escenas principales (Anunciación, Sueño de José, Visitación, Posada, el ángel del Anunció a los pastores, Nacimiento, Reyes Magos, Huida a Egipto...) Su principal discípulo, Roque López, hizo las figuras de Herodes y su guardia.

En todo el conjunto predomina un cierto aire mundano, que en las figuras del cortejo de los Reyes adquiere elementos propios de las paradas barrocas, con lucidos personajes, engalanados cortejos y suntuosas vestiduras. Estas escenas cortesanas contrastan con el elevado número de pastores, zagalas, cazadores, vendedores y escenas cotidianas entre la que destaca el de los pastores de la lectura del romance, o el viejo con la zanfoña. No menos importantes son las figuras de animales, que demuestran una gran conocimiento de la anatomía animal, captados con gran espontaneidad. 



























A pesar del tamaño de sus figuras no podemos considerar el belén de Salzillo como una obra menos, sino que es necesario situarlo al mismo nivel que los grandes grupos escultóricos procesionales que realizó en es esos años y que colocan a Francisco Salzillo como el gran escultor que culmina la escultura barroca española. 

Para  ampliar la información podéis visitar la web del Museo Salzillo de Murcia, en este enlace podéis leer un amplio artículo sobre el Belén, su historia y restauración. Este no es único gran belén, el Museo Nacional de Escultura San Gregorio de Valladolid conserva uno espectacular, también son interesantes los del Museo de Artes Decorativas y evidentemente el que Carlos III regalo al entonces príncipe conservado parcialmente en el Palacio Real.




1 comentarios:

PACO HIDALGO dijo...

Desde luego que Salzillo montó el Belén, y tanto, pues 500 figuras con la maestría del escultor murciano no es poca cosa. Aprovecho para felicitarte y desearte a tí y a tus alumnos un año nuevo cargado de paz, salud y arte, mucho arte. Un saludo desde ArteTorreherberos.

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